Página Solidaria

Más de 100 voluntarios levantaron casas en el barrio La Granada

Son de la ONG Un Techo para mi País. Lanzaron la primera construcción de viviendas en Rosario

El sábado pasado, a las dos de la tarde, cuando la temperatura trepaba a los 28 grados, un grupo de chicos universitarios cavaba, medía y colocaba los cimientos a una casa en el corazón de la villa La Granada, en San Martín y Circunvalación. Trabajaban junto con Olga y Daniel, los futuros propietarios que dejarían su casilla de cartones, madera y bolsas de plástico para, por primera vez en la vida, tener un techo propio.

Esta es la misión de Un Techo para mi País, una organización no gubernamental (ONG) que nació en Córdoba y ahora está extendida en Latinoamérica. El fin de semana pasado hicieron la primera construcción masiva en Rosario. Participaron 110 jóvenes, entre ellos 90 rosarinos y otros venidos de Neuquén y Buenos Aires para esta construcción. Levantaron nueve casas en el asentamiento La Granada bajo un sol de verano.

La particularidad de estas construcciones es que fueron el resultado de un largo y  perseverante trabajo llevado adelante por los voluntarios. A principio de año empezaron a censar las  asillas para ver quiénes se animarían a trabajar para levantar una  casa mejor de la que estaban viviendo.

Los chicos de esta ONG no hacen asistencialismo, primero porque las familias beneficiadas pagan el 10 por ciento de las casas, y porque los futuros dueños se comprometen a colaborar en la construcción.

Y eso fue lo que se vio el sábado, primer día de la construcción cuando Daniel Muñoz de 38 años, ayudante de albañil y ahora desocupado hincaba la pala con fuerza para colocar los pilotes de la nueva casa. A la par, más de 10 jóvenes trabajan con él. Algunos marcaban las distancias, otros medían, otros trasladaban maderas. Todos colaboraban, incluso Olga Soto de 62 años, madre de Daniel, que con el pico golpeaba la tierra.

“Estos chicos son un amor ya los sentimos como parte de nuestra familia”, manifestó Olga que durante la mañana del sábado cebó mates a los “constructores”, y después colaboró como uno más. Ilusionada contó: “Ahora vamos a poder tener una pieza cada uno, porque ya pensamos que en la casi   nueva vamos a hacer una división, así cada uno tiene su espacio”, explicó. “¡Esta es otra que le debo a Dios porque estos chicos justo pasaron por nuestra puerta (Platón 1215) y nos ofrecieron la posibilidad de participar en este proyecto, estoy muy agradecida”, dijo emocionada.

La casa la terminaron delevantar el domingo a la tarde,  cuando ya caía el sol. Esde madera prefabricada de 6 metros por 3, con pisos de madera y techos de chapa de zinc. Está apoyada sobre pilotes de madera que la aislan y protegen de la humedad. Es de bajo costo, para priorizar la masividad, y por ser modular es de fácil construcción.

“El trabajo no termina aquí. Después vamos a seguir visitando a las familias que tienen su casa nueva, haremos asambleas barriales para empezar a trabajar en la segunda etapa del proyecto que consiste en lograr herramientas que les permitan salir adelante, pero antes hay que ver bien cuáles son las necesidades y si entre ellos se pueden autoabastecer”, explicó la directora generalde la ONG en Rosario, Florencia Yaccarino.  

Por su parte, los voluntariosno podían disimular su alegría ante el trabajo realizado y la satisfacción de haberse sentido útiles para otros. Daniel y Olga no dejaban de agradecer el cariño y la fuerza de estos chicos que en dos días les cambiaron la vida.                       


“El cambio lo tenemos que empezar nosotros”
Elina Vespertini, de 21 años es voluntaria de Un Techo. Opinó que “las cosas pueden cambiar si nos movilizamos, y hay mucha gente que necesita ayuda, basta con mirar a un costado para darnos cuenta”, dijo la estudiante de Psicología.   


“Hay que meterse en los barrios”
Matías Sofía, de 21 años,confesó que le impactó mucho la primera vez que fue a La Granada. Después de la construcción dijo que quiere seguir yendo al barrio porque “todavía queda mucho por hacer y además la gente nos recibió muy bien”.


Pendiente
Olga Soto tiene 62 años y siempre trabajó, pero hoy se encuentra con que no puede  lograr una jubilación.


Contacto
Un Techo para mi País es una ONG liderada por voluntarios, con presencia en 19 países de  Latinoamérica. Trabaja junto a familias de asentamientos marginales para que, a través de un esfuerzo en conjunto,puedan mejorar la calidad de vida. Los que quieran comunicarse pueden visitar la web www.techo.org/argentina o escribir a florencia.yaccarino@echo.org