Página Solidaria

«La desnutrición es el resultado de conductas inhumanas»

De cerca. Abel Albino es uno de los argentinos más reconocidos por su trabajo solidario

Abel Albino hace 20 años inició una lucha enardecida para terminar con el flagelo de la desnutrición en Mendoza y desde allí a todo Latinoamérica. Estaba estudiando en España biología molecular cuando se reconoció la urgente necesidad que tenían los niños en Argentina. Regresó y creó la Cooperadora para la Nutrición Infantil (Conin) con el primer hospital para desnutridos del país y más tarde agregó los centros de prevención para la desnutrición (CPD). Hoy su metodología de trabajo se extendió en más de 10 ciudades y se replicó en Paraguay y hasta en Gambia (Africa). En Rosario funcionan dos CPD y en breve se abrirá el tercero. En su paso por Rosario denunció la falta de una política de Estado que prevenga el hambre. Una mirada cercana a uno de los argentinos más reconocidos por su trabajo solidario.

—¿Hay hambre hoy en Argentina?
—Por su puesto que hay hambre, hay desnutrición y hay malnutrición, porque faltan  políticas de Estado, que no dependan del gobierno de turno, sino que se mantengan en el tiempo. Cuando hablan de que en Mendoza la tasa de desnutrición bajó, estoy seguro que nuestro trabajo tiene mucho que ver. Del hospital ya egresaron mil desnutridos con cero de mortalidad. Ese handicap lo digo con orgullo porque no lo  tiene nadie en el mundo.

—Hay políticas de Estado como los comedores...
—Nos oponemos a los comedores. Hace 20 años nos metimos en los ranchos y vimos chicos durmiendo en pozos, tapados por perros, y cuando era tiempo de cebolla desayunaban, comían, merendaban cebolla y así con la papa y el ajo. Nos dimos cuenta de que la desnutrición es el resultado final del subdesarrollo y que de nada sirve que yo alimente a un chico si lo devuelvo al ambiente hostil del que proviene, porque a los 15 días lo estamos alimentando de nuevo, no sirve. Dijimos que si queríamos quebrar la desnutrición teníamos que hacer un abordaje integral de la problemática social que le da origen al subdesarrollo y abarcar educación nutricional, educación para la salud, lactancia maternal, jardín maternal, estimulación temprana, escuela para padres, talleres de oficio, educación agraria, alfabetización, ropero familiar, legalización de la familia, alcoholismo y vacunación entre otras.

—¿Recibe alguna ayuda del gobierno?
—La Nación nos ayuda con alimentos. Pero Conin lo sostienen muchos donantes. Nuestro éxito será el día que cerremos, porque significará que habremos acabado con la desnutrición y podremos poner una biblioteca porque ¿cómo se hace un gran país? ¡Con miles de niños leyendo! También tuvimos la visita  del gobernador actual de Mendoza que fue a vernos de forma espontánea. La verdad es que no estamos acostumbrados a esto. Ahora vamos a firmar un convenio para que el Estado pague por primera vez en 20 años la atención de los chicos que atendemos en el hospital.

—¿Fue una experiencia positiva dedicarse a hacer solidaridad?
—¡Por su puesto! Estoy convencido de que recibe mucho más el que da que el que recibe, lo he experimentado. Me ha hecho feliz... Cuando era joven y me fui a Chile para ver al doctor Fernando Monckeberg, que fue quien empezó con esta forma de trabajo integral con los desnutridos. Le pregunté si se vendría a Mendoza para hacer una fundación que atendiera a desnutridos. El me abrazó y me dijo una frase clave: “No sabés lo feliz que vas a ser”. Y esto lo puedo certificar. Es una gran alegría encontrarme con la gente que apostó y se sumó a este sueño de rescatar a los niños con la única debilidad mental que se puede prevenir, la única causada por el hombre. Nosotros soñamos con una gran nación, donde todos vivamos mejor, donde se iguale hacia arriba y no hacia abajo, donde cada chico pueda desplegar su potencial genético para tener las mismas oportunidades, donde todos puedan cursar la secundaria completa. Eso es un gran país. Ese es el proyecto que me entusiasma. Eso me enamora. Me sirve recordar lo que vivieron  personas como Alberdi, como Sarmiento. Uno pobló el país y el otro logró educarlo, y  llegamos a ser una potencia. Esos hombres tenían en la cabeza y en el corazón hacer cosas gigantescas. Esta gente amó la patria, amó este país y se comprometió con él.

—¿Podremos cambiar?
—Sí, claro que sí, y estamos a tiempo. Nos preocupa mucho qué van a heredar nuestros hijos, pero en realidad esto es secundario. Tendríamos que pensar qué hijos va a heredar este país de nosotros ¿ventajistas? ¿utilitaristas? ¿hedonistas? ¿o personas éticas? ¿Qué hijos vamos a dejar? Uno en la vida puede buscar oro o bronce, pero no los dos materiales. Yo hablo de buscar el bronce bien ganado, el de San Martín, el de Belgrano, el de Leloir, el de Houssay, el de Sabin un judío polaco que donó los derechos de autor de su vacuna contra la Poliomielitis para que fuera gratuita en todo el mundo. ¿Y cuántas calles hay que se llamen Sabin? Yo rescato el voluntariado, porque debe ser la fuerza transformadora de la sociedad.

—¿Qué le diría a los que están comprometidos?
—Algo que decía Benjamín Disraeli: “El secreto del éxito radica en la constancia del propósito”.

—¿Qué proyectos tiene en Conin?
— Yo vivo de mi consultorio, trabajo como pediatra. Conin es un hobby caro (sonríe). Ahora vamos a hacer un viverogrande donde puedan trabajar chicos débiles mentales, esos a los que llegamos tarde. Uno se entusiasma con estos chicos, y también los siento míos y entonces creo que esta podría ser la forma de darles una salida.

—¿Qué le aconsejaría a los jóvenes?
—Que amen este país, que lo caminen, que lo conozcan, que se enamoren y se comprometan a trabajar por él. La desnutrición es una enfermedad que se nutre de conductas inhumanas. El amor sin responsabilidad genera niños que no son queridos y no son atendidos, no son abrazados, no son acariciados y son desnutridos afectivos y de estos hay muchos. Lo que no sabemos es cuánto daño podrá hacer ese niño cuando sea grande si le faltó lo fundamental... Creo que debemos amar al errado y odiar el error, reconocer que hemos cometido gruesos errores, pero ya está. Ahora debemos obrar en consecuencia, querer a este país, y no olvidarnos de los 7 pecados sociales que están escritos en la tumba de Gandhi: políticas sin principios, placer sin responsabilidad, dinero sin trabajo, negocio sin moral, conocimiento sin carácter, ciencia sin humanidad, religión sin sacrificio. Si queremos entre todos podemos hacer un gran país.