20-06-17

“Prefieren tirar comida y que la gente coma de la basura”

 El Banco de Alimentos busca la modificación de las leyes para incentivar a las empresas a donar alimentos. Así se podría terminar con el hambre en Rosario

En Argentina se desechan millones de toneladas de alimentos listos para consumir por año, lo que serviría para alimentar a más de 10 millones de personas, según las estimaciones del Banco de Alimentos Rosario (BAR). A su vez, en el país hay seis millones de personas que padecen hambre, con lo cual, si esta cantidad de alimentos se donaran podría acabarse el hambre
en el país. Esto es lo que sostiene la Red Argentina de Bancos de Alimentos de todo el país, conformada por 16 entidades que, al igual que el BAR
son organizaciones intermedias que se ocupan de recuperar comida que ha perdido el valor comercial, controlar que este apta para consumo y distribuirlo en los comedores
que lo necesitan.
Los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) indican que uno de cada cinco niños en Argentina no accede a la calidad
ni a la cantidad de alimentos que necesita para su desarrollo. Los números son fríos pero la realidad es desesperante, sobre todo porque hay posibilidades reales de
remediarlo.
De allí que los bancos de alimentos del país estén insistiendo a los diputados y senadores de la Nación para que las leyes faciliten a los empresarios las donaciones.

 
¿Por qué no quieren donar? 
 
“En Argentina es fácil, más barato y más seguro tirar la comida que donarla”, indicó el ex presidente del BAR y actual miembro de la mesa directiva, Mariano Grassi.
“Es necesario revisar tres leyes”, explicó. Una de ellas es la del Buen Samaritano, número 25.989, aprobada en 2004 para facilitar la donación de alimentos, pero no funcionó,
al menos hasta el momento, porque la norma indicaba que si los alimentos intoxicaban a quienes los que comían en un comedor el responsable sería un empresario,
sin tener en cuenta las organizaciones intermedias o personas que manipularan esos donativos. De allí que ninguno quisiera exponerse a este riesgo.
Por eso los bancos de alimentos insisten en la necesidad de modificar esa ley “para que limite la responsabilidad del donante de buena fe hasta la primer donación, y de esta
forma lograr que la responsabilidad por las donaciones subsiguientes recaiga en las organizaciones intermedias que reciben esa donación. Por ejemplo, que sea de los bancos de alimentos, que son las organizaciones
que controlan el estado de lo que reciben como donación, y así se desligue el peso a los empresarios porque sino no donan”, subrayó.
A su vez, buscan revertir la situación impositiva actual, que sin ningún criterio lógico, castiga impositivamente (IVA y Ganancias) cuando se dona la comida en vez
de tirarla. Además, persiguen generar incentivos. Grassi aseguró: “los Bancos de Alimentos vamos por más. Queremos lograr que las empresas que se involucren tengan
un incentivo y copiar lo que se ha hecho en otros países y ha sido un éxito, permitiendo deducciones en ganancias del 125% de los costos de producción cuando se recupera comida”.
Otra propuesta es la ley de doble etiquetado, donde se les pide a las empresas que fabrican alimentos que continúen con el etiquetado comercial y que incorporen el “social”, que es la fecha en que todavía el alimento está en buenas condiciones y
conserva las cualidades nutricionales, pero tal vez no la calidad perfecta. Aclararon que un alimento vencido no puede ser donado. 
 
 
 
¿Qué es el BAR?
 
El Banco de Alimentos Rosario (BAR) es una asociación civil sin fines de lucro que recupera alimentos que no pueden ser comercializados, pero sí son aptos para el consumo, y los distribuye entre organizaciones que asisten a personas de bajos recursos. 
BAR ya lleva distribuidos 2.400.000 kilos de alimentos entre 31.000 beneficiarios. 
Para conocer más sobre su trabajo, visitar www.barosario.org.ar. 
Este año inauguraron un nuevo depósito, ubicado en Carriego 360, de 500 metros cuadrados. El nuevo depósito duplica la capacidad de almacenamiento de la sede anterior, y cuenta con una cámara de frío y de congelados.
Además las nuevas instalaciones poseen un aula cocina para dar cursos en el lugar. A este depósito llegan las donaciones y las entidades beneficiarias.