02-08-16

Campeones de la vida: jóvenes que dan pelea a pesar de las adversidades

Son muchos los que encuentran en el boxeo un refugio para poder superar una vida de violencia y postergaciones

En el barrio Talleres de Pérez  funciona el Apolo Boxing dónde Daniel Flakiewicz entrena  a chicos de la calle. Son más de 50 los jóvenes que practican boxeo buscando  transformar  la marginalidad en oportunidad.   Daniel tiene una historia de vida muy similar a la de los chicos que hoy entrena.  Su niñez tampoco fue fácil, sufrió violencia, maltrato y muchas limitaciones. Se identifica con esa realidad, y quien mejor para entender al otro que el que estuvo en su lugar. Hoy muchos de los que asisten al club pudieron revertir su historia, salieron de las adicciones, tienen trabajo e incluso volvieron a la escuela. En el Apolo Boxing  practican chicos de todas las edades.  No solo varones sino también hay chicas que se ponen los guantes. “El boxeo les enseña disciplina y respeto más allá de un buen entrenamiento físico” dice Daniel y afirma que: “el deporte les enseña a los chicos a querer su cuerpo  y a valorarse a ellos mismos”.   El boxeo es un deporte muy sacrificado según cuenta el entrenador. Daniel sabe que hay mucha gente no lo ve bien, pero resalta que el ring da disciplina y valores, no solo golpes.  Los chicos con el entrenamiento van dejando de lado lo marginal de sus vidas y arrancan con otros alicientes. Daniel cuenta que muchas veces sus pupilos le dicen: “profe yo soy un campeón”  a lo que él le responde: “si, sos un campeón de la vida”. El club va más allá de lo deportivo  funciona como un espacio de contención.  “Yo muchas veces  soy como un padre para ellos, cuando veo que alguno está mal le pregunto qué le pasa, lo escucho, trato de entenderlo, de aconsejarlo y de darle cariño” cuenta el entrenador. Efecto multiplicador. Y esto continúa, muchos de los que entrenan traen amigos para que también puedan experimentar el cambio.  La mayoría llegan consumiendo drogas y golpeados física y emocionalmente.  En el club reciben contención y arrancan a proyectar un futuro. Transformación. Los jóvenes llegan de barrios marginales enfrentados entre ellos mismos y terminan practicando todos en el mismo gimnasio.  Las rivalidades desaparecen y pasan a ser todos iguales. “Acá somos una familia, acá somos todos amigos. Si hay algún problema hay que pedir perdón y seguir adelante” afirma Daniel. Metas.  El entrenador pretende que el proyecto lo trascienda. Cuando el no pueda estar entrenando tiene que haber otro en su lugar que siga enseñando. “Hay muchos chicos que mueren por drogas o por la delincuencia. Es triste ver a un pibe del barrio muerto o tirado por las drogas sin que nadie haga algo con eso” dice Daniel. Necesidades. Parece contradictorio pero en el club no tienen ring. El sueño es tener uno en donde poder practicar. Apelan a la solidaridad de quienes puedan ayudar para poder lograrlo. Se necesitan caños, cuerdas, lonas y maderas para poder construirlo. También hace falta equipamiento de boxeo, guantes, bicicletas, y aparatos de gimnasia. Hoy no cuentan con recursos propios para poder enfrentar esos gastos. Se mantienen con la cuota mínima de los que pueden pagarla. Muchas veces son los chicos mismos los que sacan plata de sus bolsillos para afrontar gastos.  Desde el club reconocen que la gente es solidaria y reciben ayuda de personas de forma desinteresada pero no es suficiente. Testimonio.  “El Rudo “es el apodo de uno de los chicos que entrena en Apolo Boxing. Él vivía en la calle, con una vida de excesos, marginalidad y muerte.  Consumía y robaba. Vivió la muerte de cerca, un amigo salió a robar y nunca más volvió. Al tiempo se enteró que fue encontrado sin vida debajo de un puente. Un compañero de la esquina lo invito a practicar boxeo, arrancó y Daniel fue su guía. Aprendió que para boxear tenía que dejar toda la vida que estaba llevando. Arranco a entrenar y no paró. Incluso trajo compañeros de la calle para que puedan cambiar también su vida. “Si yo cambie, ellos pueden cambiar, todos podemos cambiar. Yo salí de las drogas y hoy soy feliz” dice esperanzado. No es fácil salir de las drogas reconoce el boxeador, pero la pasión que le genero el deporte  lo fue ayudando a dejarla.  El apoyo de Daniel y los compañeros fue importante en el proceso. A los  tres meses arrancó su primera pelea.  Ahí perdió y se prometió  no volver a fracasar. Comenzó a entrenar duro. Dejó las drogas, la calle y arrancó a trabajar. La segunda pelea la ganó y hasta hoy sigue invicto. El entrenamiento fue  estricto y con mucha disciplina. Daniel siempre apoyando no solo en lo deportivo sino en la vida. Reconoce que él antes de llegar al club no se quería  a sí mismo. “Yo me drogaba con cualquier cosa, eso no es quererse. Cuando estaba en la calle no tenía buena relación con mi familia. Hoy ayudo en mi casa y mi  papá me acompaña en cada una de las peleas. Mi vida cambio un 100%. Estaba perdido en la calle y hacia todo mal.” Confiesa  y agrega: “Mi sueño es ser un deportista,  un campeón  y voy a luchar todos los días para eso”.     Contacto: Apolo Boxing, 1 de mayo 2570 Pérez. Facebook : https://www.facebook.com/SocialBoxingClub Llamar al: 341-155152316