General Social

Arte y diseño, dos opciones para salir del infierno

Desde el 2003 los internos de Oliveros fabrican productos artísticos. Necesitan materiales

 

Hay realidades que son difíciles de cambiar, sobre todo cuando sus protagonistas están sumidos en el olvido. Y esa es, tristemente, una constante en muchos de los pacientes crónicos que viven en la colonia psiquiátrica de Oliveros.

 

Hay realidades que son difíciles de cambiar, sobre todo cuando sus protagonistas están sumidos en el olvido. Y esa es, tristemente, una constante en muchos de los pacientes crónicos que viven en la colonia psiquiátrica de Oliveros. Sin embargo, en ese contexto sobresale el taller de Producción de Objetos para el Intercambio (Popi) que se realiza en el hospital. Se trata de un espacio donde los internos intervienen carteras, remeras, anotadores, agendas, cinturones, collares y jabones, entre otros elementos que luego comercializan. Fusionan el arte con la creación y la imaginación. Transforman esa actividad en una salida al encierro, aunque esa libertad no sea total. Encuentran una herramienta de cambio y logran, aunque sea mínimamente, una autonomía que les da cierto aire. "El aislamiento no es la mejor forma de rehabilitar a estas personas, por eso el taller se constituye como un modo de integración", explicó Virginia Masau, artista plástica y trabajadora social, impulsora del proyecto en la colonia. Sin embargo, en el último tiempo, la consecución de materiales para elaborar los productos se vio dificultada por la falta de recursos. Porque a pesar de que parte del porcentaje que surge de la venta de los productos se destine a mantener en vilo el taller, eso no alcanza, y el hospital cubre lo que puede. Por eso cualquier aporte, por mínimo que parezca representa en los pacientes psiquiátricos la posibilidad de seguir creando y transmitiendo ideas. A lo largo de los años el taller de Popi albergó a decenas de internos, muchos de los cuales lograron familiarizarse con el dinero, por ejemplo, con el cual no tenían relación. Sin embargo, y a pesar de que cambien los protagonistas, los objetivos siguen siendo los iniciales: "Se trata de asaltar la escena manicomial en un intento de deconstruir parte de los efectos patológicos, segregatorios y de exclusión que producen este tipo de instituciones en la población que allí se aloja", dijo Masau. En la colonia, esta actividad se enmarca en el área cultural, sector que además contempla una biblioteca, talleres de plástica, teatro, cocina, escritura, y educación física, entre otros. Participan unos 10 pacientes, varios de los cuales son crónicos. Algunos llevan décadas internados. La mayoría de quienes están allí padecen psicosis, aunque se registren patologías variadas. Al respecto, Masau reflexionó: "Me parece que lo principal está en la pobreza de los pacientes. Y esa probreza no es sólo económica, también es psíquica y social, porque a muchos ni siquiera los visita un familiar. Igualmente la mayor deuda la tiene el Estado al no poder garantizar los tratamientos de quienes no tienen recursos", dijo. En general, los pacientes asumen el proceso de creación de objetos Popi con consignas claras elaboradas por otros. Sin embargo y a pesar de que se les hace difícil proponer el qué hacer, lograron insertarse socialmente, haciendo de sus productos una marca reconocida y abriéndose espacios donde venderlos, como cualquier artista o artesano. Ese logro se constituyó entonces en la posibilidad para salir del encierro y dejar de ser tratados como si ellos mismos fuesen los objetos.