Muestras

Mariana Telleria le pone magia a Museo Diario La Capital

A partir del 21 de septiembre y hasta el 30 de octubre, podrá visitarse la muestra de Mariana Telleria “La mujer serruchada” en Museo Diario La Capital. Curada por Fernando Farina, combina “magia, deseos de cristalizar segmentos y mecanismos” La exhibición podrá visitarse de martes a domingo de 15 a 20 en Sarmiento 763

A partir del 21 de septiembre y hasta el 30 de octubre, podrá visitarse la muestra de Mariana Telleria “La mujer serruchada” en Museo Diario La Capital. Curada por Fernando Farina, combina “magia, deseos de cristalizar segmentos y mecanismos” La exhibición podrá visitarse de martes a domingo de 15 a 20 en Sarmiento 763 con entrada libre y gratuita. Para más información comunicarse al: 5226076, o vía mail a museo@fundacionlacapital.org.ar   Palabras de Fernando Farina   La maga Creo en la magia, tanto que no me gusta conocer los trucos, y no estoy muy seguro de acordar con que el título de mago se lo den a los artistas que practican el ilusionismo simulando poderes especiales. No me interesa tanto lo espectacular. Al menos los show que nos atraviesan a fuerza de luces y sonidos. Me gusta la magia de antaño, la de la chica, el tigre y la paloma, la de las apariciones y desapariciones, la de los mecanismos sencillos. Y hasta estaría dispuesto a cerrar los ojos si estuviera a punto de descubrir el engaño. Al saber de la propuesta de Mariana, me pregunté por qué esa fascinación por la magia, ese deseo por cristalizar segmentos y mecanismos. Es más, hasta dudé sobre cuándo entré en su juego, cómo sucedió. Supongo que todo tuvo que ver con cierto placer compartido por los restos, por descifrar qué fue lo que pasó, como si se tratara de hacer una autopsia después de un asesinato. Aunque reconozco que al menos mi operación, y creo que la de ella también, es más bien nostálgica; esa mirada condescendiente, casi piadosa, sobre lo que fue, o sobre lo pudo haber sido. Esa sensación de reencuentro con algo misterioso, sorprendente, que de a fuerza de vivirlo desde chicos, se fue metiendo subrepticiamente en nuestras sinrazones. En el relato que deja ver aparecen los recuerdos, pequeños disparadores, pero también la certeza de una imposibilidad, de algo que no se sabe si ocurrió o ocurrirá, o peor aún: si podrá ocurrir. En esa des-obra plantea el discurso-invitación a sumergirnos en un universo que en cualquier momento nos puede volver a sorprender. Son fragmentos, aquello que quedó… un reservorio entre ilusiones, fantasías y construcciones, entre trucos y cartón pintado que se repite para dejar ver las pequeñas huellas de un mundo complejo, casi desconocido. Y me pregunto una vez más por qué la magia. Tal vez sólo se trate de un intento para querer retener algo del pasado, de querer retratar una sensación; para mantenerla viva.