Muestra

Muestra de fotografías e instalaciones

El 23 de junio inauguró la muestra de fotografías e instalaciones de las artistas Flavia Da Rin con “El misterio del niño muerto”, y de Fabiana Imola con “Sombra de Toro” en el Museo Diario La Capital. La convocatoria tuvo una importante concurrencia del público rosarino. Las obras se exhibirán hasta el 28 de agosto.

En simultaneo, se expondrán los trabajos de la primer seleccionada del consurso “Menos Treinta”, Mimi Laquidara con su obra “El verde abrazo de innumerables brazos”.

El 23 de junio inauguró la muestra de fotografías e instalaciones de las artistas Flavia Da Rin con “El misterio del niño muerto”, y de Fabiana Imola con “Sombra de Toro” en el Museo Diario La Capital. La convocatoria tuvo una importante concurrencia del público rosarino En simultaneo, se expondrán los trabajos de la primer seleccionada del consurso “Menos Treinta”, Mimi Laquidara con su obra “El verde abrazo de innumerables brazos”. Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos Jorge Luis Borges   Hay un secreto en el cruce. Y de por sí, los cruces son desafíos. Las obras de Flavia Da Rin y Fabiana Imola sin embargo parecen dar pistas para develarlo, pero tal vez todo lo que hagan no sea más que otra puesta en escena. Pero cuánto se oculta dando todo a ver? Acaso no es otra forma de mentir diciendo la verdad? Hay un vínculo, la seducción. Atrapar en un relato, en una imagen. Hacer preguntar qué es lo que pasa, qué es lo que hay delante o detrás. Es una invitación a sumergirse, a meterse, a desentrañar. Una invitación amable, realizada con un guiño. Y también está el artificio. Las citas que se reiteran y a las que se les quita su significación para dar a ver otra cosa. Donde todo vale a la hora de elegir, de seleccionar. Aunque haya algo estético, una búsqueda de la belleza, de decidir qué poner y qué ponerse. Son solo sombras y teatralizaciones! aunque uno, desde su perversión, pueda sospechar que hay algo que se esconde. Tanta espectacularidad, tanta seducción. La posibilidad de meternos en un bosque o en un cementerio donde todo es actuado, donde los personajes violan las reglas tal vez no por voluntad sino por ser malos actores. Y donde el simulacro oficia de gran decorado. No hay ingenuidad, pero aun así quedamos atrapados, y hasta somos cómplices, a pesar de que sospechemos de los riesgos de entrar en ese mundo, y disfrutar de esa otra realidad, donde todo está construido y hasta es posible pensar en comprar un pedazo de cielo.
Fernando Farina