Hasta el 30 de octubre

Vivir y crear desde las ilusiones

Mariana Telleria (Rufino, 1979) se considera artista desde siempre. Cuenta que no dejó de pintar las paredes de su casa a partir del momento en que descubrió los lápices de colores. Su primera muestra fue a los tres años. En esa oportunidad expuso detrás del sillón del living y la obra fue una casita pintada con esmalte de uñas. El arte le daba la posibilidad de crear lo que ella quería ver.

Nunca terminó sus estudios de Bellas Artes y tampoco hizo cursos o clínicas. Es en el trabajo y en el intercambio con sus colegas donde encuentra la fuerza motora que da vida al mecanismo Telleria. Mecanismo da idea de engranajes coordinados que provocan movimientos cronometrados para realizar acciones específicas. Como en los trucos de magia cada paso tiene que darse en el momento justo para que no sea desenmascarada la trampa. La curiosidad, el movimiento y la autoexigencia se convierten en el combustible de esta máquina creadora.
El momento de crear no tiene filtros, la idea no muta desde que se concibe hasta que se materializa. No existen complicaciones y es muy simple el funcionamiento. Los engranajes se mueven bien aceitados sin contratiempos ni atasques. La idea surge de manera sencilla y el alimento son las imágenes. Estos referentes persecutorios no dejan de molestar, no descansan hasta verse materializados en una muestra. "Soy de encariñarme y encapricharme con las imágenes. Deben ser fuertes, sugerentes, atractivas y que la gente pueda recibirlas como una invitación a pensar", explica.
Telleria crea para alguien y espera su reacción; no busca un reconocimiento adulador, sino crítico. No pretende determinar significados unívocos en los espectadores: "Si bien puedo acompañar y guiar un recorrido no puedo decirles que tienen que ver lo que yo quiero que vean". La obra debe ser abordada desde todos los lugares posibles. "Todo el mundo me dice algo diferente, cada persona viene a completar el mundo desde lugares distintos y eso es lo increíble", dice.
En La mujer serruchada, expone diferentes trucos de magia. Aparecen malabares circenses con los palitos chinos, redes para contener acróbatas, la rueda de la muerte con sus cuchillos clavados, la caja zigzag y la que da el nombre a su última muestra: La mujer serruchada. Durante el recorrido el espectador se enfrenta todo el tiempo a quiebres, fracturas, pliegues, accidentes y serruchadas conceptuales. Ya desde el plano espacial que se encuentra dividido al medio por una pared trasversal que penetra las dos salas.
En el recorrido se puede ver un colchón de un blanco inmaculado atravesado por una espada que se yergue de modo escultórico, una pared de cajitas prolijamente encastradas una sobre otra y un arco iris que se proyecta sobre la pared. Pero nada es inocente. Si bien podría invitar al descanso, el colchón no se encuentra extendido, sino enroscado y serrado con una espada a modo de broche inviolable. La pared de cajas tampoco es ingenua: las partes se encuentran milimétricamente acomodadas, encastradas unas sobre otras dejando ver la perfección casi obsesiva con la que se maneja la artista al momento de la puesta. Todos los receptáculos están abiertos pero de un solo lado. No permiten el paso franco de un extremo al otro. El arco iris podría indicar que el sol está en el otro extremo, que ya se corrieron las nubes de tormenta, pero no es más que otra quimera. El recorrido oscuro lleva hacia una sólida pared y la opción de tránsito también es única.
La puesta está llena de engaños como los trucos de magia. Si bien en la artimaña creada por el mago la mujer se parte al medio con un serrucho, esto no es más que una ilusión. ¿Y no es acaso eso lo que genera el arte? Quimeras, ensueños, fantasías, utopías, ilusiones. Así como la magia, el arte crea ilusiones. "Hago lo que quiero ver": esas son las palabras mágicas que hacen que Telleria provoque el encantamiento.
La muestra puede visitarse hasta el 30 de octubre de martes a domingo de 15 a 20, en Sarmiento 763.